abril 21, 2024

No pasa un día sin un nuevo ataque. Los numerosos atentados perpetrados por el grupo islamista Boko Haram debilitan Nigeria ante unas elecciones cruciales y amenazan también con desestabilizar a los vecinos Camerún, Chad y Níger.

Nigeria sigue conmovido por la masacre cometida el viernes en la gran mezquita de Kano, la principal ciudad del norte del país, donde al menos 120 personas murieron en un doble atentado suicida, seguido del ataque de un comando armado, a la hora de la oración.

Todo apunta a que el atentado es una represalia contra el emir de Kano. La semana pasada, el segundo responsable musulmán del país había lanzado desde la mezquita un llamamiento a la población para que tomara las armas y se protegiera de los ataques islamistas.

«Boko Haram amenazó varias veces a los jefes religiosos en el norte de Nigeria, a los que considera como aliados de los aparatos del Estado», asegura Andrew Noakes, de la Red Nigeriana de Analistas de Seguridad.

El ataque recuerda que el grupo islamista lleva semanas intentando extender su radio de acción, más allá de los tres Estados que domina en el noreste del país: Borno, Yobe y Adamawa, a poco más de dos meses de las próximas elecciones presidenciales en las que el actual mandatario, Goodluck Jonathan, buscará la reelección.

«Boko Haram intenta imponer la idea de que puede golpear donde sea», explica Ryan Cummings, experto en seguridad de la sociedad Red 24.

Unas horas después del atentado de Kano, una bomba disimulada cerca de otra mezquita en Maiduguri, unos 600 kilómetros al este, pudo ser desactivada.

La capital del Estado de Borno, donde se fundó Boko Haram en 2002, ya estaba bajo estricta vigilancia, después de que dos mujeres mataran el martes a 45 personas en un atentado suicida en un mercado.

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